Eras Sencillo, de mirada despejada y despierta, estricto
aunque risueño, amante de los tuyos.
Te fuiste y te quedaste, te amamos y nos amaste. Tu mayor
preocupación fue nuestra educación y formación.
Miro mis manos y veo las tuyas, pienso en tu corazón y el mío
no deja de palpitar. Admiraba tu vitalidad y cierto reflejo has dejado en la
mía.
Recuerdo tus consejos que nunca quedarán en el olvido y
aquellas últimas palabras tuyas: “Reina mía, si te quedas hoy aquí, qué voy a
pensar yo”. (Creo él intuía eran sus palabras de despedida).
No me quedé, pues seguí tu consejo. Dejé todo corregido y las notas puestas para
evaluar. La Navidad estaba muy próxima.
Era domingo y el miércoles, y
por tu gravedad, tenía permiso para pasar las últimas horas contigo;
pero esa madrugada de un 15 de diciembre
sonó el teléfono, llovía intensamente y casi habías cerrado tus ojos para
siempre. Mi maleta estaba hecha…Unas horas más tarde iba a verte y a abrazarte.
Nos dejaste con todos tus deberes hechos. Yo en cambio me
pasé, pues sin tu padre sólo te quedas una vez.
“Reina mía, si te quedas hoy aquí, qué voy a pensar yo.”
Sí, fueron éstas tus
últimas palabras que jamás olvidaré.
(Mª luisa Padilla Recio)


