sábado, 2 de mayo de 2015

LA MUJER FUERTE ( Relato corto).









 LA MUJER FUERTE

Vivía en un pueblo, pero no se sentía pueblerina, a pesar de que el ajetreo de la ciudad le causaba cierta turbación. Se trataba de Catalina, cariñosamente Lina.

Con una talla aceptable, no disminuida a pesar de la edad. Su tez muy blanca, con ojos de miel que mantenían aún su viveza especial, sus cejas casi imperceptibles las recuperaba con un tono marrón clarito, su nariz pequeña y más afinada por el tiempo. Frente despejada y orejas pequeñas que se dejaban ver siempre adornadas, pues llevaba su bonito cabello blanco plateado recogido con un moño a la italiana. Las arrugas no eran la característica principal de su piel.

Utilizaba unos vestidos cómodos y de tonos suaves para la casa, pero cuando salía iba impecable. Pese a su edad aún conservaba su frescura.

¡Qué derecha, qué erguida, qué señorial! Más que Lina era Doña Catalina. 
¿Era triste o alegre? "De todo hay en la viña del señor", una de sus expresiones habituales.
—Toma, Dory— le dijo a su hija.

Solía introducir unos billetes en un sobre con su tarjeta de visita en la que escribía: para mis hijos y nieta, Dory, Javier y Rocío (con motivo de un cumpleaños, Navidad o mero capricho), y su nombre como remitente en la solapa. ¡Nada era suyo! Su letra era inclinada, sin signos de temblor, fruto de haber trabajado bien la caligrafía, de rasgos firmes y enérgicos.

La mesa de la salita, con un tapete de fino encaje, ¡qué maravilla!, fruto de sus exquisitas y hábiles manos.

— ¡Gracias mamá! ¡Gracias tía! — Exclamaban Dory y su sobrina Viky, cuando ella les regalaba alguna artesanía como recuerdo; aunque ya con dificultad para ello, por sus dedos algo deformados. Y sobre el tapete siempre alguna novela histórica.

Tras una vida familiar grata se quedó viuda y prefirió permanecer en su casa desde el primer momento.

—Sí, diga- era su hija Dory.
— ¿Mamá, estás bien?
—Sí, - siempre la misma respuesta y siempre a la misma hora.
— ¿Y vosotros cómo estáis, y mi Rociito?— con dulce y delicada voz.

   ¡Din, don!, su hermana Inés llegaba para acompañarla al podólogo. Hoy le tocaba a los pies, otras veces al oculista, cardiólogo, análisis de colesterol, etc, etc...

   ¡Para mí un infartito, no os quiero  molestar! — algo que solía repetir.

Y así ocurrió un 5 de octubre, después de un almuerzo normal, una sensación de mareo y de ahí fue acompañada a su cama…

" ¡Qué impresión mamá, qué impresión!!!

SIEMPRE PERMANECE EN SUS RECUERDOS. ELLA, LA MUJER FUERTE, LA MUJER DIEZ.

María Luisa Padilla Recio.