domingo, 17 de mayo de 2015
sábado, 2 de mayo de 2015
LA MUJER FUERTE ( Relato corto).
LA MUJER FUERTE
Vivía en un
pueblo, pero no se sentía pueblerina, a pesar de que el ajetreo de la ciudad le
causaba cierta turbación. Se trataba de Catalina, cariñosamente Lina.
Con una talla
aceptable, no disminuida a pesar de la edad. Su tez muy blanca, con ojos de miel que mantenían aún su viveza especial, sus cejas casi imperceptibles las
recuperaba con un tono marrón clarito, su nariz pequeña y más afinada por el
tiempo. Frente despejada y orejas pequeñas que se dejaban ver siempre
adornadas, pues llevaba su bonito cabello blanco plateado recogido con un moño
a la italiana. Las arrugas no eran la característica principal de su piel.
Utilizaba unos
vestidos cómodos y de tonos suaves para la casa, pero cuando salía iba
impecable. Pese a su edad aún conservaba su frescura.
¡Qué derecha,
qué erguida, qué señorial! Más que Lina era Doña Catalina.
¿Era triste o
alegre? "De todo hay en la viña del señor", una de sus expresiones
habituales.
—Toma, Dory— le
dijo a su hija.
Solía
introducir unos billetes en un sobre con su tarjeta de visita en la que
escribía: para mis hijos y nieta, Dory, Javier y Rocío (con motivo de un
cumpleaños, Navidad o mero capricho), y su nombre como remitente en la solapa.
¡Nada era suyo! Su letra era inclinada, sin signos de temblor, fruto de haber
trabajado bien la caligrafía, de rasgos firmes y enérgicos.
La mesa de la
salita, con un tapete de fino encaje, ¡qué maravilla!, fruto de sus exquisitas
y hábiles manos.
— ¡Gracias
mamá! ¡Gracias tía! — Exclamaban Dory y su sobrina Viky, cuando ella les
regalaba alguna artesanía como recuerdo; aunque ya con dificultad para ello,
por sus dedos algo deformados. Y sobre el tapete siempre alguna novela
histórica.
Tras una vida
familiar grata se quedó viuda y prefirió permanecer en su casa desde el primer
momento.
—Sí, diga- era
su hija Dory.
— ¿Mamá, estás
bien?
—Sí, - siempre
la misma respuesta y siempre a la misma hora.
— ¿Y vosotros
cómo estáis, y mi Rociito?— con dulce y delicada voz.
—
¡Din,
don!, su hermana Inés llegaba para acompañarla al podólogo. Hoy le tocaba a los
pies, otras veces al oculista, cardiólogo, análisis de colesterol, etc, etc...
—
¡Para
mí un infartito, no os quiero molestar!
— algo que solía repetir.
Y así ocurrió un 5 de octubre, después de
un almuerzo normal, una sensación de
mareo y de ahí fue acompañada a su cama…
" ¡Qué impresión mamá, qué impresión!!!
SIEMPRE PERMANECE EN SUS RECUERDOS. ELLA, LA MUJER FUERTE, LA MUJER DIEZ.
María Luisa Padilla Recio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



