CARMINA.
CARMINA, tu nombre hay que escribirlo con mayúsculas.
Persona noble de espíritu, bellísimo espíritu, noble de cuna
porque tu cuna no podía ser de otro modo, noble, noble.
Ésta tarde de primavera está entoldada, el cielo encapotado
viste de luto y mi estado al conocer la noticia se ha disminuido, mis lágrimas
de un modo espontáneo han rodado por mis mejillas.
Nuestra despedida a finales de agosto fue la de siempre.
Muchos besos, un cordial abrazo y que el próximo verano nos encontremos como
ahora estamos.
No sé qué decirte, la noticia me ha llegado por casualidad y
más que inesperada. Me encuentro sola en casa y no quiero transmitírsela a los
demás.
¿Por qué, por qué? Pues porque llegó tu hora.
Morenaza de piel, ojos negros azabache, cabellos al compás.
Siempre amable, te he considerado como una hermana, como casi una madre, una
insustituible amiga que me has dejado consternada y creo que los veranos en la
urbanización ya serán diferentes para todos.
Magnífica esposa, madre singular, abuela sin par y siempre
joven.
Tu casa la convertiste en un paraíso, posible objeto de sana
envidia de algunos, quizás al no poder comprender tantas cualidades juntas.
La primera estrella que vea lucir en el cielo de cada noche
serás tú. Siempre te tendré en mi vida y creo que me dignificarás. Todo nuestro
cariño hacia ti y los tuyos permanecerá para siempre con nosotros.
Eras la finura personificada de la que dejas reflejo en todos
los tuyos y al pensarlo atenúa mi dolor y me consuela.
Necesito silencio absoluto, silencio para reencontrarte. Eso es lo que ahora necesito para recordar tu
expresión siempre risueña, tu entrega, alegría y belleza.
Sé que descansas en paz, admirada CARMINA.
2 de abril de 2015. (Viernes Santo).
Mª Luisa Padilla Recio.

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