lunes, 2 de noviembre de 2015

VIAJE A LOS PAÍSES BÁLTICOS.#PEQUEÑASDOSIS.5ª. En las afueras de SAN PETERSBURGO: PUSHKIN Y PETERHOF. PALACIOS Y PARQUES.(RUSIA)

En las afueras de San Petersburgo: La residencia veraniega en Pushkin o Tsarskoye Selo. “Palacio de Catalina y parque”.

Sin duda, es un monumento absolutamente fascinador de arquitectura y de jardinería del s XVIII.
Historia de la residencia: En 1710 Pedro el Grande regaló a su esposa Catalina I la zona donde en pocos años se construyó el maravilloso conjunto de parques y palacios, cuyo centro composicional es el Palacio de Catalina. El palacio se alzó en la época de la hija de Pedro I y la emperatriz Isabel, sobre una construcción previa propiedad de la madre de Isabel, encargándose del proyecto Bartolomeo Rastrelli en un estilo plenamente barroco, participando posteriormente C.Cameron y G. Quarenghi.
El edificio se articula en varios edificios, el mayor de los cuales tiene una longitud de 340 m. Sus fachadas están decoradas con profusión de atlantes, columnas y grandes ventanales ornamentales, para los que se recurrió al ya característico contraste de colores del barroco ruso: azul, blanco, dorado...... Es un palacio diferente a lo que se está acostumbrado a ver en la Europa Occidental, quizás demasiado recargado, pero que no deja de ser espectacular en todos los sentidos. Es sin ningún tipo de duda uno de los principales exponentes del estilo barroco en Europa.
La decoración de los interiores plasmaba por su magnificencia: las puertas lucían sutil veteado dorado, la enfilada de habitaciones daba sensación de estar adornada con encajes brillantes.
Entre las estancias del palacio destaca el gran Salón Dorado o Salón del Trono que es obra de Rastrelli. La visita a este salón puede abrumar al más escéptico por la profusión de dorados que están presentes en cada minúsculo detalle de esta estancia, y que se multiplican hasta el infinito por la multitud de espejos.
En el techo podemos ver el fabuloso plafón de Giuseppe Valeriani "El triunfo de Rusia" de 1755. Otras estancias son: las Anticamaras, el comedor de caballeros, el comedor de cazadores,  el salón de pilastras rojas de cristal, la famosísima sala de ámbar, la Pinacoteca,  el comedor verde de Cameron, y de época más tardía el Durante siglos este palacio fue la residencia oficial de los zares en verano, y fue aquí donde el último zar Nicolás II vivió arrestado hasta poco antes de su ejecución

La joya del palacio - Sala de Ambar - se conoce como la octava maravilla del mundo.
Despacho de Alejandro I y la escalera principal.
No es sorprendente que la Sala de Ámbar del Palacio de Catalina sea considerada la Octava Maravilla del Mundo - imagínense la habitación completa, cubierta de paneles de ámbar, brillantes y reflejando la luz del sol. El rey alemán Friedrich Wilhelm I de Prusia obsequio la habitación como un regalo diplomático al zar Pedro el Grande, en 1717, después de que Pedro el Grande la hubiese admirado siendo huésped en Charlottenburg, Berlin.
Primeramente la habitación fue instalada en el Palacio de Invierno, pero en 1755 la Emperatriz Isabel (Elizabeth) ordeno trasladarla al Palacio de Catalina en Tsarskoye Selo. Los paneles individuales de Ámbar fueron traídos desde San Petersburgo a Tsarskoye Selo por 76 soldados a cuestas durante 6 días. No había suficientes paneles para decorar toda la superficie de 100 metros del nuevo interior, por eso los mosaicos y los espejos fueron añadidos y la parte inferior de la sala fue pintada imitando el ámbar.
Durante la Segunda Guerra Mundial las tropas nazis se llevaron los paneles de Ámbar y los trajeron a Alfredo Rodé, el jefe del Museo de Artes de Konigsberg en Kaliningrado. Una parte de la Sala de Ámbar se ha visto por última vez en la exposición del Castillo de Konigsberg, antes de ser ocultada en las catacumbas. Desde aquí empieza la leyenda. Existen muchas leyendas e historias sobre la suerte de la Sala de Ámbar, pero parece más real el hecho que los paneles fueron escondidos en una de las minas de la Costa Báltica o que se quemaron.
Un equipo de maestros de ámbar de "Tsarskoselskaya Yantarnaya Masterskaya" ha trabajado desde 1972, para recuperar la magnífica Sala de Ámbar. Los maestros han estudiado y usado los antiguos métodos de trabajo en ámbar. Su idea era no solo recuperar los paneles, sino también encontrar y repetir la manera original de los autores de la sala. Mientras que su misteriosa desaparición durante la Segunda Guerra Mundial sigue excitando a los cazadores de tesoros de todo el mundo, la Cámara de Ámbar ya ha recobrado su antigua grandeza y esplendor gracias al trabajo de los restauradores contemporáneos, fue inaugurada en verano 2003 cuando San Petersburgo celebraba su 300 aniversario, al que asistieron grandes personalidades de todo el mundo.
En la actualidad este palacio sigue en reconstrucción, por lo que cada día se abren nuevas estancias al público que merecen ser visitadas.
Parque de Catalina. Un paseo por las avenidas sombreadas entre los pequeños y bonitos pabellones del Parque de Catalina es ideal para quién busca tranquilidad y paz de espíritu. Un rasgo interesante del Parque es que consiste en dos partes, cada una con su propio estilo: el Parque Francés (arquitectónico) distinguido por el diseño geométrico de sus anchos paseos y el Parque Inglés que se caracteriza por un deportivismo que imita la naturaleza.



 En las afueras de San Petersburgo: La residencia veraniega en Peterhof. “Palacio de Pedro y parques 
Situado en 30 kilómetros de San Petersburgo Peterhof es uno de los conjuntos arquitectónicos más refinados y famosos del mundo. Sin ninguna duda se puede llamarlo la joya principal del ¨collar de perlas¨, como se llaman los suburbios magníficos de San Petersburgo.  
La historia de Peterhof está ligada en primer lugar con Pedro I. En 1714 el Emperador de Rusia quiso construir la residencia principal que pudiera eclipsar la fama de Versalles.
El Palacio  fue concluido en 1721, proyectada su parte más antigua por el arquitecto alemán Shluter,  francés Le Blond e italiano Miketti.
Con el paso del tiempo su aspecto fue cambiado debido a las obras realizadas por los sucesivos monarcas. Así, la zarina Isabel I, hija de Pedro I, encargo un primer proyecto de ampliación a Rastrelli, quien incorporó un piso más y agregó las alas laterales. También remodeló los interiores al gusto de la época con un barroco triunfante. Posteriormente, fue la zarina Catalina II la que lo redecoró los interiores imponiendo su gusto neoclásico, aunque respetando algunas salas emblemáticas de Rastrelli.
Un ejemplo de estas antiguas salas es la escalera principal, el gran salón dorado de bailes al que da acceso está escalera, la sala de audiencias. Entre las estancias neoclásicas destaca el gran salón del trono, en el fondo de este salón, sobre el trono, se encuentra un Parque de Peterhof: El adorno principal de Peterhof  los centenares de surtidores y cascadas que forman un conjunto sin par. La posición particular entre ellos ocupa la Cascada Grande construida según el proyecto del mismo  Pedro el Grande. Es una de las construcciones más grandiosas del mundo que representa una gruta inmensa con escaleras de cascadas a dos lados.
Está decorada por 37 esculturas de bronce dorado, 64 fuentes y 142 juegos de agua, y el agua va a parar a un gran canal que desemboca en el golfo de Finlandia El símbolo más pintoresco de la victoria de los rusos sobre suecos – la fuente de Sansón con estatua de héroe bíblico desgarrando la bocaza de león. Fue erigido en Peterhof en honor de 25 años desde la victoria en batalla de Poltava.
Los parques magníficos con numerosas cascadas y surtidores, estatuas doradas y de mármol, adornos pomposos de palacios – todo eso fue creado para mostrar la riqueza y gloria de Rusia que había ¨hacheado la ventana en Europa¨ y se había establecido en el mar Báltico.
La Segunda Guerra Mundial causo mucho daño para Petrodvorets. La ocupación de ciudad duró casi tres años y durante este tiempo los alemanes hicieron volar el Palacio Grande, causaron un gran perjuicio a la Cascada Grande, las cascadas ¨Monte de Oro¨ y "Monte de Ajedrez", destruyeron los conductos de agua subterráneos, talaron los parques, sacaron muchas estatuas incluso la de Sansón. Afortunadamente, las obras de restauración empezaron al terminar la guerra. Ahora podemos disfrutarse de la belleza y pomposidad de este lugar magnífico.
Palacio de Monplaisire: En el parque bajo de Peterhof atrae la atención el Palacio pequeño de Monplaisire (“mi placer”) construido 10 años antes que el Palacio Grande, en 1714, según la voluntad y el proyecto de Pedro I. Por conservarse tal cual, sin modificaciones posteriores, nos da la idea de cómo era el estilo más antiguo de las construcciones en esta residencia en la costa del Mar Báltico. Las ventanas del palacio dan a la terraza bañada por las olas del mar.











































4 comentarios:

  1. Una maravilla de artículo con fotografías que provocan las ganas de viajar y conocer más y más. Un abrazo!

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    1. Gracias, José Luis!!! Hay que intentar hacerlo, enriquece; aunque es muy importante viajar con la imaginación y tú qué bien sabes hacerlo.
      Un abrazo. Siempre Granada!!!

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  2. Hace muchos años que lo visité y me ha resultado grato recordarlo. Muy buenas fotos. Abrazos.

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