AMANECER
“Estoy sola,
total y definitivamente sola, inmersa en una inevitable decisión.”
Era aparentemente un lunes más, pero
no, Alba llegó a clase y se sentó en el lugar habitual. Su figura esbelta
parecía muy venida a menos. Su pelo rubio, liso y brillante —uno de sus mayores
atractivos—, lo traía mal recogido y sus grandes ojos azules enrojecidos.
Después de un fin de semana, no era normal ese silencio en el aula, parecía como si el
aspecto de Alba hubiese consternado al resto de sus compañeros.
No era un aula más, orientada al este, en la fachada
principal del centro con dos amplios ventanales que transmitían mucha
luminosidad. Pero ese día sin estar nublado reinaba la oscuridad.
La clase iba a comenzar y la profesora Cristina, joven, enérgica
y muy observadora, dejó con
sutileza el maletín sobre la mesa y acercándose
a los alumnos, extrañada, dijo con brío:
— Empecemos con San Juan de la Cruz.
“Eso es, la cruz, mi cruz, ¿por qué, por qué? Estoy sola, en una inevitable decisión”,
pensaba Alba. Al terminar la clase se dirigió a la profesora con deseos de
hablar con ella y quedaron citadas en el Departamento durante el recreo.
Yo había terminado el curso con éxito y pensaba descansar,
visitar a mis abuelos, ir a la playa, leer y disfrutar.
Se dice que las cosas no van bien del todo, aunque nosotros
ciertamente no nos podíamos quejar. En
mi casa funcionábamos, lo que era
importante: mi padre, Alejandro, atractivo y conversador, estaba bien
considerado en su trabajo, parecía que le gustaba y disfrutaba e iba
progresando; aunque es verdad que le dedicaba mucho tiempo y nos tenía un poco
abandonadas. Mi madre, Dulce Nombre, agradable, servicial e inquieta, aunque
indecisa, estaba contenta. Su jefe y compañeros la apreciaban. Pero las
relaciones de mis padres durante el verano se habían enturbiado de forma
considerable, y mi padre tenía nuevas compañeras de trabajo que a mi madre no
le agradaban.
—Alejandro, qué barbaridad, por fin llegas, cada día más
tarde, te llevo esperando muchas horas.
—Dulce, vengo muy cansado de estar todo el día lidiando en la
calle.
—Alejandro, mucho trabajar. ¿No tendrás algo más importante
por ahí?
—Dulce, ¡joder!—Y
un escalofrío lo invadió.
El verano se me ha ido como un mal suspiro y pronto va a
comenzar un nuevo curso, mi último curso. Mi padre cada vez volvía más tarde,
mi madre además de sus ocupaciones y la casa había encontrado amigas para ir a
un gimnasio y salir a pasear.
Con mucha frecuencia mis padres seguían discutiendo y sus
caras eran menos agradables; sin embargo
cada uno iba sobrellevando su vida.
Según pasaban los días, estábamos más alejados. Es cierto que
la confianza nunca fue nuestro fuerte, habíamos ido por nuestro camino con
respeto y habíamos marchado. Yo presentía que esto no era pasajero.
— ¡Vaya horitas!
— ¿Qué estás insinuando?— dijo Alejandro.
—Nada, tú sabrás, no hablas ni con Alba, y no somos nada para
ti.
—Dulce Nombre, se te va la cabeza. ¿Así estás en la oficina? No
sé cómo te aguantan.
—Allí no tengo problemas, siempre me han apreciado lo que tú ya
no haces.
—Dulce, así no podemos continuar, tú dirás lo que quieras,
pero esto es insoportable. ¿Qué pretendes?
—Poder
vivir, yo tengo mi trabajo, y nunca te he necesitado para nada, tú qué te crees—dijo
Dulce, sobreponiéndose a su carácter.
— Si tan mal
te va, nos vamos cada uno por su camino y punto final, repartimos y fuera, la
niña puede decidir y que se vaya con quien le dé la gana.
—Nosotras nos
quedamos aquí, en la casa y tú te largas.
—Pues,
abogados ya, y esto se acaba—concluyó Alejandro, con energía.
Sus disputas cada vez más intensas. Las palabras eran voces altisonantes, acusaciones mutuas sin pudor y sus relaciones muy deterioradas. Tras las amenazas de separación y de conectar con abogados, mi padre se ha marchado de la casa.
“Pero, si en realidad no teníamos problemas. ¿A qué se debe
todo esto?, no me encuentro con fuerzas, me siento desplazada, sin capacidad
para mediar, tampoco me cuentan ni me preguntan.
Ciertamente, soy un cero a la izquierda, cada vez me gusta
menos estar en casa, es un verdadero infierno y mis amigos no son tan amigos y
no les puedo contar lo que nos pasa.
Mis dudas aumentan y pronto tengo que decidir con quién
quiero irme a vivir. ¿Por qué suceden estas cosas? Aunque intento disimular,
cada día le encuentro menos sentido a mi vida.
Cuando miro a nuestro alrededor nada me agrada, mi alegría se
está disipando y mi dormitorio, mi único refugio, lo tengo hecho un desastre.
Me siento sola, aislada, perdida, tremendamente sola.
¿Qué me está pasando? Julio no es de mi completo deseo y me
dejo sólo llevar por la necesidad que tengo de cariño, no debo consentir mucho
más. Me parece que algunas veces es como si se estuviese aprovechando de mi
estado, pero no me encuentro con fuerzas.
De fumar y del alcohol he pasado a otras cosas, para intentar
olvidar. Me pierdo en esos momentos, estoy anulada, no soy yo, no me conozco,
todo se convierte en un llanto sin fin”.
Ya vivo con mi madre. Mantenemos nuestra casa, con el mismo
dormitorio donde paso el mayor tiempo. No he cambiado de barrio ni de centro de
estudios, y es mi padre el que no está. Las separaciones son muy dolorosas por
mucho que al final se hagan de mutuo acuerdo. A pesar de estar más tiempo con
mi madre y llorar juntas nuestra situación, no hemos sabido labrar la
suficiente confianza para contarnos nuestras intimidades. Pasan las horas y
pasan los días y no encuentro momento adecuado para desahogarme.
A mi padre lo veo días sueltos y algunos fines de semana,
aparentemente solo, sumido en sus inquietudes y en el trabajo, yo nunca le
causé problemas. Pero si con mi madre no tengo confianza, con mi padre menos
aún, y tampoco encuentro la ocasión para contarle el porqué de mi desazón e
intranquilidad.
Me da vergüenza. Me inquieta lo que puedan opinar. Pienso que
no me van a ofrecer ayuda. La verdad es que desconozco en el fondo la causa por
la que no encuentro momento para pedir la
opinión de ninguno de ellos.
“No he tomado precauciones y he dejado pasar el tiempo, ni
quiero ni no quiero continuar. ¿Cómo puede cambiar mi vida? ¿Cómo reaccionarán
mis padres? ¿Cómo me aceptarán los conocidos? ¿Y mis no tan amigos? ¿Y mis compañeros
de instituto? Mil y una preguntas me hacen imposible tomar una decisión. Cómo ha
cambiado mi situación.
¿Puedo resolverlo yo sin contárselo a nadie? Estoy sola,
totalmente sola.
Tengo cerca el Centro
de Salud y puedo pedir cita para mi médico de familia, pero ¡hace tanto tiempo
que no voy! No sé ni quién me corresponderá. ¿Será un doctor o una doctora?, ¿me
atreveré a contárselo?, ¿qué me aconsejará?, ¿me dirá que soy idiota?, ¿me
derivará?, ¿tan infantil he sido?, ¿me pasa sólo a mí?”
En las clases de inglés y matemáticas
un torbellino de zozobras y recuerdos ha invadido mi pensamiento y sólo quedan algunos minutos para el recreo y
poder verme con mi profesora.
“Nunca olvidaré los comentarios de las lecturas en sus
clases, desde la picardía de aquellas
bastas “serranas” del Arcipreste, la sutileza de “las serranillas” de
Santillana, el llanto de Pleberio:… ¡Oh amor, amor! ¡Que no pensé que tenías
fuerza ni poder de matar a tus sujetos!... ¿Por qué me dejaste triste y solo en
este valle de lágrimas? (¡Oh, pero si su soledad es la mía!) o aquella letrilla
de Góngora: ¡Que se nos va la pascua, mozas, / que se nos va la pascua!, o la
maestría del agudo Quevedo:…Polvo serás más polvo enamorado, o nuestro admirado
Bécquer…Pero aquellas cuajadas de rocío/ cuyas gotas mirábamos temblar/ y caer
como lágrimas del día…/ esas… ¡no volverán!
Y cómo después de la lectura de un relato, cuyo título no voy a citar, no (no es que lo haya olvidado), nos preguntó: el relato, ¿ os parece literario o no? A todos nos había encantado el diálogo de aquella pareja de jóvenes enamorados, Manolo y Pili que nos llevaba a nuestro mundo; pero nadie respondió a su pregunta y nos dijo: Por favor reiniciemos la lectura introductoria, leyó primero Leo, después Elisa. Comenzaba así: Del oeste al sur, largas agujas de nubes de un dulzón color corinto... Alta, lejana como una blanca playa, la media luna... Cómo lo desentrañó, explicándonos la belleza de esa introducción, que a todos nos pasó desapercibida, y nos encantó como siempre".
Y cómo después de la lectura de un relato, cuyo título no voy a citar, no (no es que lo haya olvidado), nos preguntó: el relato, ¿ os parece literario o no? A todos nos había encantado el diálogo de aquella pareja de jóvenes enamorados, Manolo y Pili que nos llevaba a nuestro mundo; pero nadie respondió a su pregunta y nos dijo: Por favor reiniciemos la lectura introductoria, leyó primero Leo, después Elisa. Comenzaba así: Del oeste al sur, largas agujas de nubes de un dulzón color corinto... Alta, lejana como una blanca playa, la media luna... Cómo lo desentrañó, explicándonos la belleza de esa introducción, que a todos nos pasó desapercibida, y nos encantó como siempre".
Con estos pensamientos, la profesora Cristina se hizo ver a
la salida de clase, ella conocía nuestra situación familiar por
entrevistas previas con mi madre, y estuvimos dialogando:
— Estoy a tu entera disposición, Alba, no lo dudes, y ¡ADELANTE, SIEMPRE ADELANTE!
Fueron varios nuestros encuentros, y aunque conteniéndose, la
vi derramar algunas lágrimas conmigo. Y si me gustaba como profesora, como
persona aún más la admiré. En realidad nuestras conversaciones me aliviaban y
me reconfortaban.
“Tuve que decidir con mi corazón y mi cerebro”.
Tras duros días de incertidumbre,
penas y desasosiegos, y con la ayuda de mi madre, que se compromete a ofrecerme
todo el apoyo y más que ella pueda. Decidí, con su compañía, acercarme al
Centro de Salud donde contacté con Planificación Familiar a través de mi
médico.
Mi estado era lamentable, incapaz de hacer una vida propia de
mi edad, con una ansiedad insostenible y perjudicial seriamente para mi salud.
Mucho me había costado tomar una decisión tan importante y definitiva, creyendo
en la vida, dándole el verdadero valor y habiéndoseme ofrecido todo el apoyo
médico y moral; pero al final fui derivada para la IVE a una clínica.
Una tarde mientras me reponía, tuve un flash, mi flash y lo
vi muy claro: era un lindo niño, pero fruto de un auténtico amor, mi amor.
Después de una oportuna ausencia,
Alba, volvió a clase: con su larga y brillante melena rubia y sus ojos claros luminosos,
transparentes como las gotas de lluvia que resbalan sobre las hojas de los
árboles, después de una gran tempestad.
Alguien exclamó: Ésta es nuestra Alba.
(Mª Luisa Padilla Recio)
(Mª Luisa Padilla Recio)
*Relato publicado en el libro de Taller de Escritura Creativa de Carmen Posadas.
* La imagen también es original de M L Padilla.
Titula la autora, a este relato suyo que nos precede, "AMANECER". Sin haberse sumergido aún el lector en las profundidades del mismo, ya desde la orilla puede vislumbrar las armoniosas tonalidades de un bello amanecer malagueño. Sutilmente, la autora, nos anticipa que la historia en la que vamos a adentrarnos es esperanzadora. Un amanecer siempre es un volver a empezar y la esperanza es lo contrario a la desesperación. La protagonista de este relato, tras una serie de difíciles vicisitudes personales, llega a la desesperación. De forma muy sutil, con unas pinceladas muy superficiales pero suficientes para entrar en la imaginación del lector, se nos narran sus duras circunstancias vitales. Ha de tomar una decisión, pero ésta no se nos muestra abiertamente. Al final, la sonrisa sustituye a la desesperanza. El sol empieza una nueva vida.
ResponderEliminarDifícil y dura fue su decisión.Tengo que decirte que lloré ciertamente en su momento al escribirlo.Me introduje en la piel de Alba, en su soledad y circunstancias personales. Al final su decisión con esperanza en un futuro mejor. Puede que continúe su historia y seguro que te agradará más.
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ResponderEliminarSusana Morón: Ante este dilema y difícil decisión, la protagonista, sumida en un gran estado de ansiedad toma un tiempo de reflexión para valorar que lo más importante para ella es el fruto que nacerá de su amor. Es un canto a la vida. ... es un nuevo amanecer cargado de esperanzas.Por cierto, he disfrutado mucho con "Amanecer". Gracias María Luisa!!! Sin duda, la imagen, está hecha a medida para el relato.Es preciosa!!
Bien interpretado. Un abrazo, Susana Morón.
EliminarSusana Morón:A mi gran profesora y maestra con cariño, María Luisa Padilla Recio
ResponderEliminarEl amanecer no termina si seguimos caminando hacia poniente, en todo momento está amaneciendo en algún punto de la Tierra. Nuestra vida no cambia porque no nos movemos, porque nos quedamos encerrados en nuestras creencias, porque no seguimos a ese Sol interior que es la verdadera fuente de nuestra abundancia.
Podemos habitar una vida programada, con sus claros y sus oscuros, siendo marionetas de la dualidad, o podemos caminar llevando el amanecer con nosotros, sintiéndonos parturientas de nuestros propios sueños, creando con ellos nuestra realidad.
A estas alturas te preguntarás: ¿Cómo puedo lograr todo esto? Es muy fácil de decir, pero…¿por dónde comenzamos?. Amigo es muy simple, empieza contemplando un amanecer…El Tuyo.... — con María Luisa Padilla Recio.
Qué magníficos alumnos...cada uno diferente. Susana Morón, tan, tan especial!!! Y todo fruto de un momento de buena intuición. Gracias Susana.
Eliminar!Magnífica reflexión Susana!!! Y gracias siempre por tu bellas palabras.
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